
Nuestro portal digital, Nuneztaxservice.com, se siente honrado, con tener nuevamente, después de un breve período de receso en sus colaboraciones, por motivos estrictamente profesionales, al prestigioso abogado de Santiago, República Dominicana, Fausto García.
Bienvenido! y a continuación presentamos una bella reflexión, de su autoría, dirigida especialmente para todos los que hemos perdido nuestros padres.
“Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado” (José Martí).
Hace varios años que he venido viendo, enfocando y viviendo la vida desde otra dimensión. Puedo decir que con más objetividad y realismo, más convencido de su verdadera esencia, lejos de ensimismamientos, ñoñerías y acomodaciones baratas. Hace mucho que vuelo alto, me creo y considero un ciudadano del cielo, que vive en casa de campaña y que estoy de paso por este mundo, como dice San Pablo. Esto entonces me dice que la vida no es para complicarla, sino para vivirla, pero se vive la vida cuando la entregamos en el servicio sincero y desinteresado, desprendido de toda malquerencia y caprichos humanos, cuando aprendemos a amar, pues por mucho que sepamos, como dice Mari Dalia Hernández: “quien no sabe de amor no sabe nada…”.
Hace lustros que vengo siendo rígido y ortodoxo con la interpretación de la vida. A mí que nadie me hable de volar bajito, de ser águila en gallineros, pues la vida nos convoca a volar alto, a no ser gaviota en el mar, como dice Julio Iglesias. “Que vaya y que venga y que no se detenga, la vida. Hay que alzar el vuelo”, como dice Ambiorix Padilla, un artista cristiano católico.
Hay quienes temen a la muerte. Yo no le temo. Estoy preparado para vivirla y enfrentarla, por eso la he convocado y desafiado a un encuentro, a un tú a tú, a un duelo, y me ha tenido miedo, no ha querido, ni se ha atrevido a aceptar el reto que significa enfrentar a un hombre que aunque pequeño de estatura, vuela por las alturas. Ya el apóstol Pablo también un día la desafío: “¿Donde está oh muerte tu victoria, donde está oh muerte tu aguijón?”.
Como orientador, catequista, consejero, terapeuta o solucionador de conflictos -títulos todos que le he arrebatado a la vida- siempre digo a la genta frente a los diversos problemas que les aquejan: “Váyase al extremo.” ¿Y esto qué es? De una vez me preguntan. Les respondo que es recordar que esta vida no nos pertenece, que fuera de las dos realidades extremas de este mundo –vida y muerte- todo se reduce a lo simple, sencillo, pequeño, diminuto, o sea, que nada humano hay o existe por encima de esas dos realidades extremas a lo cual no nos podamos sobreponer.
Hablar de muerte, lo he hecho varias veces en conversaciones distintas, y lo hice siempre muy convencido de su significado, pero nunca había estado cerca de ella. Ahora que murió papá y me tocó permitirle sentarse a mi lado, ahora entonces he comprendido, como dice el poeta, que: “Lo que tiene el árbol de florido, vive de lo que tiene sepultado.”
La muerte de papá me ha fortalecido, tanto que si alguna vez su fantasma me hizo asomo, no lo recuerdo, pues a fin de cuentas, para mí el “Vivir es Cristo y el morir es ganancia”, como dice también el apóstol. Es ganar el cielo, es ganar la gloria, es ganar la vida abundante que nos da Dios, es dejar este mundo de intereses para ganar un mundo de capitales, es a fin de cuentas, conquistar las cosas de arriba, es disfrutar el camino en lo que llegamos a la cima de la montaña de la salvación.
Que viva Cristo el Señor cuyo mensaje de vida y salvación hizo eco en mi corazón, inundando mis pulmones, los cuales gritan: ¡La muerte de papá me ha fortalecido! Estas líneas las escribí el día del novenario de papá cuando regresé del cementerio, y hoy en el día de todos los padres, las comparto con todos ustedes y también con él que sé que descansa en los brazos de Dios.